viernes, 4 de mayo de 2012
miércoles, 2 de mayo de 2012
Adore a Dios al ofrendar
¿Qué lugar ocupa el
ofrendar a Dios en tu adoración?
Uno puede estar
motivado para dar a través de tu iglesia por muchas razones: para suplir una
necesidad, para hacer tu parte, por el sentido de responsabilidad y porque crees
que la Biblia
lo enseña. Como cristiano, das lo mejor cuando lo haces por amor a Dios y cuando deseas adorarle. El
ofrendar a Dios es diferente del dar a una buena causa.
Uno de los que
apoyaban al gran misionero inglés Guillermo Carey fue Andrés Fuller. Mientras
Fuller buscaba los fondos para apoyar a Carey, un hombre le dijo, “Bien, doctor
Fuller, viendo que es usted, le doy cinco libras”. Fuller le respondió con profunda seriedad, “Viéndote, yo no daría
nada. Pero viendo al Señor Jesucristo, ¿cuánto le daría?”. El hombre entendió
la diferencia y dijo, “Viendo al Señor Jesucristo, le daría cincuenta libras”.
La congregación de
Filipos dio sacrificialmente para apoyar los esfuerzos misioneros de Pablo. El
describe este regalo, “como olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios” (Filipenses 4:18b). Dieron a Dios
para el apoyo de Pablo. El ofrendar en espíritu de adoración acercó la
congregación filipense a Dios y también a Pablo. ¿Adoras cuando ofrendas?.
Dad a Jehová la honra
debida a su nombre; traed ofrendas, y venid a sus atrios.
Al ofrendar, ¿Cuánto
es parte de tu adoración?
Adorar es más que
concurrir a un lugar designado, seguir el orden del culto, o alegrarse con las
canciones y el sermón. Adorar involucra responder a Dios. El ofrendar es una manera
importante de rendirle alabanza, dedicándote a Dios al dar tu dinero.
El dinero que ofrendas
representa tu tiempo, habilidades y energías usadas para ganar tu salario. El
porcentaje que das, indica cuán importante es Dios para ti. El diezmo uno lo
entrega en obediencia y es un porcentaje establecido por Dios, pero la ofrenda
es la verdadera demostración de cuan importante es Dios para mí, en la ofrenda
Dios puede ver cuánto valor le doy yo a Él.
Una de las más
sobresalientes escenas de adoración en la Biblia enfoca a una mujer. Jesús estaba
observando a los adoradores que ofrendaban, cuando una viuda “echó todo lo que
tenía, todo su sustento” (Marcos 12:44). El ofrendar era la parte central de su
adoración.
¿Qué lugar tiene
ofrendar en tu adoración?
Sea que des más en la
adoración o adores más dando abundantemente, la verdad es que adorar y ofrendar son inseparables.
Así como adoras
cantando, entrégate a ti mismo y también tu dinero, adora a Cristo y ríndele la
gloria que se merece.
Adorad a Jehová en la
hermosura de la santidad. Salmo 96: 9
martes, 1 de mayo de 2012
Buscar y Salvar ( Parte I )
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo
que se había perdido” Lucas 19:10
¿Cuál es la razón por la cual a muchos cristianos les cuesta
evangelizar?
Jesús dijo de sí
mismo que él vino a “buscar y Salvar” lo que se había perdido, y de la misma
manera, envió a todos aquellos que creen en él. Básicamente la mayoría de los
cristianos saben que el evangelismo es la tarea principal en sus vidas, pero,
porqué no lo hacen.
Contaba el misionero J. Hudson
Taylor acerca de un pastor chino, lo siguiente. Se encontró el pastor con un
recién convertido, a quien le preguntó: —Joven, ¿es cierto que hace apenas tres
meses que conoce al Señor?
—Sí,
felizmente es cierto.
—¿Y cuántas
almas ha ganado para Jesús? —le preguntó el pastor.
—¡Oh!
—exclamó el recién convertido—, pero si apenas estoy aprendiendo, y hasta ayer
pude conseguir un Nuevo Testamento completo.
—¿Usa usted
velas en su casa?
—Sí señor.
—¿Y espera
usted hasta que la vela se haya consumido hasta la mitad para que empiece a alumbrar?
El joven
convertido comprendió la lección y empezó a trabajar. Y antes de seis meses ya
se habían convertido, por él, algunos amigos y vecinos. Habiendo oído a Jesús,
Mateo no perdió tiempo; cuando la samaritana se encuentra con Jesús, corre al
instante a anunciarlo a sus vecinos. ¿Y usted, hermano, qué espera? (S. S.
T.)[1]
Quiero a través de
estas pocas líneas tratar de responder a la pregunta del principio de este
artículo. ¿Cuál es la razón por la cual a muchos cristianos les cuesta
evangelizar?
En realidad no hay
una sola razón, podríamos responder de muchas maneras, pero solo quiero
detenerme en dos razones principalísimas de porqué los cristianos no
evangelizan.
La primera razón.
Los nacidos en la iglesia pero no en el Reino.
No se le puede pedir
peras al olmo…
El olmo es un árbol
increíble, la madera del olmo es fácil de trabajar, difícil de hendir y muy
resistente a la putrefacción si se mantiene húmeda, por lo que se emplea en
construcciones navales, pilotes de mina, y antiguamente era la preferida para
hacer conducciones de agua. El olmo es uno de los mejores árboles de sombra,
fácil de trasplantar y de reproducir, ya
que la semilla nace sin problema, si se siembra, al poco de madurar y sobre
todo a los renuevos e hijuelos que producen sus raíces. Como vemos, es un árbol
espectacular, tiene muchas propiedades muy buenas y útiles, pero el fruto que
da, no es ni parecido a la pera y ni siquiera es comestible.
La iglesia muchas
veces se parece a un jardín lleno de árboles frutales, hay de todo, pero no
todos dan el mismo fruto, Jesús mismo lo enseño;
43No es buen árbol el que da malos
frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. 44Porque cada árbol se
conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas
se vendimian uvas. 45El hombre bueno, del buen tesoro de su
corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo
malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.[2]
A la hora de
responder a la pregunta que nos atañe, como primera razón, habría que decir que
solamente aquellos que nacieron de nuevo, en el Reino de los Cielos, son los
verdaderos portadores de la semilla reproductora del evangelio. Y que de una
manera natural y espontanea comparten con otros aquello que transformo sus vidas,
que no es nada más ni nada menos que la persona de Jesucristo.
El problema, creo que
radica en el hecho de que mucha gente que viene a nuestras iglesias, no
nacieron de nuevo en el Reino de los Cielos, sino que nacieron en la iglesia,
con esto de que nacieron en la iglesia quiero decir aquellas personas que por
diferentes razones o como diría un amigo mio, por razones dudosas, están en la
iglesia. Muchos están porque encontraron un buen grupo de amigos, otros
solucionaron el problema de la soledad, otros porque se sienten amados y bien
atendidos, otros porque, justamente nacieron en la iglesia, o sea, son hijos de
creyentes.
Todas estas personas,
o la gran mayoría, aprenden a comportarse de una manera acorde al grupo, por
supuesto para no ser rechazados, entonces, usan el mismo vocabulario, imitan la
vestimenta, las costumbres, cumplen con todos los requisitos, y hasta llegan a
ocupar puestos importantes dentro de la iglesia y son muy buenas personas, muy
capaces y útiles en la diferentes tareas de la comunidad; pero como en el caso
del olmo, por más que sean muy buenos en muchas cosas, nunca podrán dar peras…
Entonces, los
pastores o líderes, desafiamos, motivamos, exhortamos, etc. a un montón de
olmos a que ya es hora de comenzar a dar peras, nos esforzamos con muy buenos
mensajes, técnicas de evangelismo, nos llenamos de actividades evangelísticas,
pero… no pasa mucho o en el peor de los casos no pasa nada. Aunque lo peor de
lo peor sería que el pastor o el líder de evangelismo sea un olmo, esto sería
el colmo.
La cuestión, es una
cuestión del corazón, si en nuestro corazón no esta la semilla de Dios, nunca
podremos reproducirnos en otros discípulos de Cristo, ya que de la abundancia
del corazón habla la boca, por lo tanto, si nuestras bocas no están hablando de
Dios, tendríamos que preguntarnos si realmente hemos nacido de nuevo.
23 Pues ustedes han nacido de nuevo, no de simiente perecedera, sino de
simiente imperecedera, mediante la palabra de Dios que vive y permanece.[3]
La nueva vida
comienza con una semilla que Dios siembra en el corazón; esta es la Palabra de Dios que “es
viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos” (Hebreos 4:12) . La
semilla, regada por el Espíritu Santo, germina cuando uno la acepta por fe.
Entonces esa simiente brota produciendo la nueva vida espiritual y
reproduciéndose en otros discípulos de Cristo.
Uno de los síntomas
de haber nacido de nuevo, es que damos frutos, frutos de arrepentimiento,
frutos de una nueva forma de vivir, pero también de nuevas vidas ganadas para
el Señor y para su gloria a través de la predicación del evangelio. Jesús mismo
nos dio la clave para poder dar fruto para la gloria del Señor en Juan 15.4-8
De manera que, la
única forma de poder llevar fruto es permaneciendo en Cristo, pero cómo
permanecer en Cristo si no nacimos de nuevo.
CONTINUA EN EL
PRÓXIMO…
martes, 10 de abril de 2012
lunes, 2 de abril de 2012
Compasión al testificar de Cristo
El apóstol Pablo
escribió una carta a la iglesia de Corintios en la cual en cada capítulo les
exhorta acerca de algún error o pecado diferente. 1 de Corintios es esa carta.
Es una carta dura, que confronta a los cristianos que están viviendo en pecado
y que toleran el pecado dentro de la misma iglesia. Incluso, Pablo les indica
que ellos no eran salvos si no retenían la palabra que se les había predicado. Y
es que puede ser que alguien se llame cristiano, pero no lo sea en verdad.
1 Corintios 15:2 “por el cual asimismo, si retenéis la
palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.”
Pablo mismo puso en
duda la salvación de sus hermanos corintios y lo hizo con un solo motivo: el
amor. En su segunda carta, Pablo nos da una imagen muy clara de cómo escribió
dicha carta:
“Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con
muchas lágrimas, no para que fueseis contristados, sino para que supieseis cuán
grande es el amor que os tengo.” 2º Corintios 2:4
El amor de Pablo por
las personas en la iglesia de Corinto lo llenó de angustia y tribulación. Eran
personas que estaban yendo en contra de lo que él mismo les había enseñado y
que eran más bien una amenaza para el evangelio. Sin embargo, Pablo les tenía
un amor muy grande, tan grande que les escribió con lágrimas en sus ojos, “con
muchas lágrimas”.
¿Qué tanto amamos a
las personas a nuestro alrededor? Piensa en las personas que no creen por un
momento: Se deleitan en el pecado, insultan a Dios quien los creó y no quieren
someterse a El. Ellos quizá te menospreciarán si les predicas, y hasta podrían
insultarte, pero Dios te manda predicarles. Nos envía a predicarles y a menos
de que les prediquemos no podrán ser salvas.
¿Con cuanta compasión
le hablas a las personas al testificar? Sigamos el ejemplo del apóstol Pablo y
exhortemos a los que no creen por medio del evangelio. Mostremos el amor de
Dios que puso en nosotros al darnos su Espíritu Santo. Si nos sometemos día a
día a la palabra de Dios, seremos llenos del Espíritu Santo (es decir, seremos
guiados por el Espíritu Santo), y esto llevará al fruto del Espíritu Santo:
amor (Gálatas 5:22-23).
Dios quiere salvar a
todos los hombres (1 Timoteo 2:4), y nosotros, ¿iremos a predicarles? Dejemos
las excusas, capacitémonos para evangelizar correctamente y salgamos. Es un asunto
de vida o muerte eterna.
“El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al
conocimiento de la verdad.” 1 Timoteo 2:4
Enfoquémonos en ganar almas
“El fruto del justo es árbol de vida; Y el que gana almas es sabio.” Proverbios
11.30
La mayoría de las iglesias hoy en día, están enfocadas en llenar templos, salones, polideportivos y hasta estadios de gente que escuche el evangelio. Sin desmerecer el esfuerzo que hacen muchos para que esto se logre, particularmente creo que no es en lo que debemos enfocarnos. Un alma hoy no parecería ser “negocio” para nadie.
Veamos qué tanto valoraban el
ganar un alma para Cristo los pioneros de la obra del Señor:
“Consideraría una mayor felicidad ganar un alma para Cristo que montañas
de pata y oro para mí mismo.” Mathew Henry
C.H. Spurgeon decia: “Prefiero traer un pecador a Jesucristo que
descubrir todos los misterios de las Escrituras, porque la salvación es la
única razón por la que estamos vivos.”
Mantengamos las cosas en
perspectiva: Lo más importante en nuestro tiempo, de este lado de la eternidad
es predicar a Cristo. Tendremos toda la
eternidad para descubrir todos los misterios, y conocer a Dios de manera plena,
pero ahora debemos enfocarnos de una manera correcta.
Podríamos caer en el error de
decir: “Yo no soy quien gana almas, Dios
lo hace”, pero veamos que dice la
Biblia:
“Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él.” 1 Corintios 9.19-23
En el contexto correcto, sí podemos decir que ganamos almas. En la realidad de su día a día, al testificar, Pablo se acercaba a las personas y se identificaba con ellas. No alteraba el mensaje, ni cambiaba el método (la predicación, 1 Corintios 1.18), pero sí explicaría el evangelio a las personas procurando que sus receptores pudieran entender su mensaje. Él sabía que si lo hacía correctamente, las personas podrían correr a la Cruz y allí Cristo los salvaría.
Por ejemplo, Pablo en Atenas
(Hechos 17) predicó el evangelio a
gentiles y lo hizo correctamente. Usó la ley, les predicó del juicio de Dios,
su justicia y les mandó que se arrepintieran. La sensibilidad de nosotros como
predicadores hacia las personas es explicar el mismo mensaje con el mismo
método, con sabiduría para que el que no cree entienda.
Lo primero que buscamos es que el
que no cree aprenda justicia, a pesar de cualquiera que sea su trasfondo cultural
o religioso: “Y muchos de los que duermen
en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para
vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos resplandecerán como el
resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como
las estrellas a perpetua eternidad.” Daniel 12:2-3
Este pasaje le pone nombre a lo
que haremos a partir de ahora al salir a predicar: “enseñar justicia a la multitud”.
Esta promesa fue dada para el
pueblo hebreo en tiempos de Daniel, y es asombrosa. Es incomprensible para
nosotros hoy el imaginar cómo una persona puede brillar como las estrellas,
pero nos da una idea de cuánto Dios valora tremendamente la obra de enseñar
justicia.
Enseñar justicia es explicar a los pecadores los mandamientos de Dios y expandirlos de manera que las personas entiendan los juicios de Dios. Satanás ha nublado el entendimiento de los inconversos (Efesios 4.18) con los placeres del pecado, el entretenimiento, la farándula, la moda y muchas otras cosas a tal grado que las personas tienen un concepto torcido de lo que es la justicia.
Para Dios, es valioso el que
salgamos y enseñemos justicia a la
multitud, pero piense que hoy tenemos el mensaje completo que Daniel no tenía
en su tiempo: predicamos a Cristo, la Propiciación, el valor infinito de su Sacrifico
Sustituto, que Dios quiere salvar a todos los hombres, tanto gentiles como
judíos. ¡Qué honor tenemos! Roguemos a Dios que nos dé valentía para salir a
hacerlo.
¡Qué bueno que estemos aquí!
“para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.” Hechos 26.18
miércoles, 28 de marzo de 2012
jueves, 15 de marzo de 2012
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