jueves, 19 de julio de 2012

Multiplicación del GBC de Pablo y Mary (grupo de bendición y crecimiento)

Damos gracias a Dios por su infinito amor y bondad, en esta oportunidad pudimos ser testigos una vez más de la multiplicación de otro GBC , dando a luz a un nuevo grupo para la gloria de Dios. Creemos que el Señor está obrando con poder en nuestros jóvenes, mostrando su amor y misericordia en cada paso que damos como iglesia. Un nuevo grupo de bendición y crecimiento para seguir siendo herramientas en las manos del Señor y alcanzar a muchos más para Cristo.




















































viernes, 6 de julio de 2012

Sigue creciendo la obra del Señor en Etcheverry


Queremos contarles que estamos concluyendo una primera etapa del año: dar a conocer la iglesia. Gracias a todos los que han colaborado hemos podido charlar con los vecinos,  realizar entrega de volantes y cartas de presentación, las cuales tuvieron muy buena respuesta. Ahora en el mes de Julio comienza la segunda etapa del año la cual se basará en la capacitación de quienes hoy asisten regularmente a las reuniones. El objetivo principal es que ellos puedan crecer en el conocimiento de Dios, conocer Su voluntad, Sus planes y diseños, y que paso a paso puedan experimentar el propósito de Dios en sus vidas. También estaremos ayudando y visitando a aquellas personas que se contactaron en la primer etapa. Una herramienta para el crecimiento de los hermanos será comenzar con un grupo de bendición y crecimiento, para ello estamos orando y tomando algunas decisiones, pedimos también su apoyo en oración para que el Señor nos guíe en todo y prontamente podamos contarles el nacimiento del mismo.
Les compartimos algo de lo que Dios esta hablando en Etcheverry:

“Cuando seamos, dejaremos de parecer.”
Hemos escuchado cientos de predicaciones acerca de la evangelización, hemos asistido a congresos acerca de este tema, reuniones unidas, estudios sobre las diferentes técnicas para predicar y las diferentes formas de evangelizar.
Siempre se utilizó la motivación justamente para movilizarnos y salir de las cuatro paredes de la iglesia. Sin embargo ¿esto sirve?. La motivación es efímera, temporal, salís de un campamento y cuanto puede durar, una semana? Un mes? Después empieza a menguar y muchas veces se vuelve al primer estado, “desmotivado”.
Hoy nos detenemos no en lo que hay que hacer, por que ya lo sabés, “hay que predicar”, sino en la raíz del problema ¿Por qué no lo hacemos? ¿Cuánto hace que no le hablo a alguien de Dios?
Santiago 3. 11-12  ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? La verdad es que no podemos dar lo que no tenemos.
Es una cuestión de esencia, ¿que esfuerzo hace el árbol por ser árbol? Ninguno, ya es árbol. Ese es el problema en nosotros, que al no ser nos tenemos que parecer y para parecernos tenemos que esforzarnos.
Todo se hace cuesta arriba, todo es una carga, tengo que ir a la iglesia, tengo que predicar, tengo que dejar ese pecado que arrastro hace años, todo es un esfuerzo por ser alguien que no soy. Esto se traduce en una sola palabra religiosidad.

Esto es lo que experimentó Felipe. San Juan 14. 6-10
 El problema es que no hubo nuevo nacimiento, no hubo conversión. Cuando seamos dejaremos de parecer. Es un problema del corazón. Vos vas a dar lo que tengas en tu corazón. La palabra dice: “allí donde esta tu tesoro estará tu corazón” y “de la abundancia del corazón habla la boca”.
Para saber cual es tu tesoro, debes escuchar lo que hablas, así te  darás cuenta a que estas consagrado y por consecuencia quien es tu dios.
¿Hablas de fútbol,  de queja, odio, rebeldía, inmoralidad, el trabajo, la familia, de un músico o una banda?
Al reconocer esto ¿que tenemos que hacer? En toda la Biblia el mensaje de Dios siempre fue el mismo; conviértanse, arrepentíos o pereceréis.
Pasos que puedes seguir: Reconocer humillado que necesito un corazón nuevo; Confesar mis pecados, y Arrepentirme (dejar de hacer lo malo que hacía).
Dios es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad y darnos un corazón nuevo y limpio para nacer de nuevo. Si tu tesoro es Cristo, y estas consagrado a Cristo, entonce se terminan los esfuerzos por parecer hijo de Dios ahora sos hijo de Dios y es El que obra a través tuyo.

 Mariela y Mariano Massera

miércoles, 4 de julio de 2012

Un lindo momento para recordar!!

Invitamos a los matrimonios de la iglesia a una cena muy especial, una noche donde las parejas serán agasajadas con un rico menú y compartirán un tiempo juntos.



martes, 3 de julio de 2012

¿Cómo orar por la Iglesia?

Cuando nos ponemos a orar por la iglesia los motivos más frecuentes son: los enfermos, los necesitados, la conversión de parientes y vecinos, por algunas actividades especiales, por los pastores, misioneros, diáconos, el liderazgo en general y por los creyentes "de todo el mundo".
Cuando acabamos de mencionar todo esto y algo más, pensamos que ya hemos orado por la iglesia, y en cierta forma sí lo hicimos pero eso no es todo. Nuestras oraciones deben incluir no solo los motivos sino la forma cómo pedimos, cómo oramos y cómo intercedemos.
Juan Bunyan, escribió: "Orar es derramar de modo sincero, consciente y afectuoso el alma ante Dios por medio de Cristo, en el poder y la ayuda del Espíritu Santo, buscando las cosas que Dios ha prometido o que son conforme a su Palabra para bien de la iglesia, con fiel sumisión a su voluntad" Y luego de explicar detalladamente cada frase, concluyó "Esta cláusula abarca todo lo que tiende a la gloria de Dios, la alabanza de Cristo o el provecho de su pueblo, pues Dios, Cristo y su pueblo están de tal manera unidos que si se ora por el bien de uno, a saber, de la iglesia, se ora necesariamente por la gloria de Dios y la alabanza de Cristo. De manera que Cristo está en el Padre, los santos están en Cristo, y el que toca a los santos toca a la niña del ojo de Dios. Orad pues por la paz de Jerusalén y oraréis por todo lo que debéis."


Cuando Bunyan se refirió a Jerusalén, sin duda alguna se estuvo refiriendo a la iglesia, tal como lo hizo Pablo cuando escribió "Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre" (Gálatas 4:26) y no solo Pablo, sino también el apóstol Juan hizo la misma identificación en Apocalipsis 21:2 "Y yo Juan vi. La santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido" (Apoc. 21:2)
Si la "Jerusalén de arriba" somos todos nosotros, es decir, los cristianos que hemos nacido de nuevo mediante Jesucristo, las Escrituras nos enseñan cómo debemos orar por la iglesia:

1.      Debemos orar por la Iglesia sin reposo y sin tregua.
Isaías 62:1-7 "Por amor de Sion no callaré, y por amor de Jerusalén no descansaré hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación se encienda como una antorcha. Entonces verán las gentes tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará. Y serás corona de gloria en la mano de Jehová y diadema de reino en la mano del Dios tuyo....Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas, todo el día y toda la noche no callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová, no reposéis, ni le deis tregua, hasta que restablezca a Jerusalén y la ponga por alabanza en la tierra."
El profeta Isaías se involucró en la visión diciendo "por amor a Sion no callaré y por amor de Jerusalén no descansaré" y al final extendió la invitación a todos los que se acordaban de Dios diciendo "no reposéis ni le deis tregua, hasta que restablezca a Jerusalén y la ponga por alabanza en la tierra".
Notemos que su motivo de oración no fue localista, él no se enfocó en las circunstancias inmediatas o temporales, sino que se extendió a toda la tierra, para que la iglesia alcance un futuro glorioso y su luz alumbre a todas las naciones. Frecuentemente oramos por problemas momentáneos o por situaciones que nos molestan o preocupan y nos olvidamos de lo más importante.
Isaías captó la importancia de la misión de Dios en el mundo por medio de la iglesia. Y se dio cuenta que su responsabilidad era orar de tal forma que la salvación se encienda como una antorcha y que la iglesia sea establecida y puesta como alabanza en toda la tierra. Porque el que alaba a la iglesia, alaba al Señor, el que ama a la iglesia, ama al Señor, porque la iglesia es el cuerpo de Cristo.
Esta verdad tiene, por otra parte, otra consecuencia colateral. Porque toda crítica que se hace a la iglesia, se hace a Cristo. No podemos separar a Cristo de su cuerpo.
Tenemos una misión: no callar más nuestras oraciones a favor de la iglesia hasta que se encienda como una antorcha, hasta que sea exaltada con poder, porque si la iglesia es puesta en alto, es Cristo quien es puesto en alto.

2.      Debemos orar para que la Iglesia haga siempre la voluntad de Dios.
Colosenses 1:9-11 "Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sbidur4ía e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad."
Cuando al apóstol Pablo se le informó sobre la conversión de los colosenses, inmediatamente comenzó a orar pidiendo que sean llenos del conocimiento de la voluntad de Dios.
Porque a Dios no le importan tanto nuestros planes, ni todo lo que nosotros podamos ofrecer, sino en que hagamos lo que él quiere. Algunos cuando se enferman o están pasando por una crisis muy grave, recurren a la oración para hacer promesas a Dios, diciéndole que si el los sana o responde a sus oraciones, ellos le servirán o darán una generosa ofrenda, o harán algo para demostrar su agradecimiento. Pero lo que no saben es que Dios no se conforma con estas promesas, él nos quiere a nosotros, él quiere nuestro corazón, el desea que hagamos su voluntad. Toda nuestra planificación, organización o buenos propósitos no tienen ningún valor si su voluntad no está siendo hecha.
Oramos y no recibimos; lloramos y buscamos sin encontrar salida ¿por qué? porque no conocemos la voluntad de Dios. Oramos para que alguien se sane, y en lugar de sanarse se muere; oramos para que alguien cambie de actitud, y empeora. En esa situación nos sentimos confundidos e incluso comenzamos a dudar de las promesas de Dios ¿Por qué? Porque no estamos llenos del conocimiento de la voluntad de Dios. Pero si él nos llena, le agradaremos en todo, llevaremos fruto en toda buena obra, seremos fortalecidos con todo poder y tendremos toda la paciencia y un ánimo a toda prueba.
En conclusión, si unimos estos dos puntos: la oración ferviente y constante por la exaltación de la iglesia y la voluntad de Dios, podríamos decir, que nos encontramos en el camino correcto de cómo orar por la iglesia.