miércoles, 2 de mayo de 2012

Adore a Dios al ofrendar

¿Qué lugar ocupa el ofrendar a Dios en tu adoración?
Uno puede estar motivado para dar a través de tu iglesia por muchas razones: para suplir una necesidad, para hacer tu parte, por el sentido de responsabilidad y porque crees que la Biblia lo enseña. Como cristiano, das lo mejor cuando lo haces  por amor a Dios y cuando deseas adorarle. El ofrendar a Dios es diferente del dar a una buena causa.
Uno de los que apoyaban al gran misionero inglés Guillermo Carey fue Andrés Fuller. Mientras Fuller buscaba los fondos para apoyar a Carey, un hombre le dijo, “Bien, doctor Fuller, viendo que es usted, le doy cinco libras”. Fuller le respondió con  profunda seriedad, “Viéndote, yo no daría nada. Pero viendo al Señor Jesucristo, ¿cuánto le daría?”. El hombre entendió la diferencia y dijo, “Viendo al Señor Jesucristo, le daría  cincuenta libras”.
La congregación de Filipos dio sacrificialmente para apoyar los esfuerzos misioneros de Pablo. El describe este regalo, “como olor fragante, sacrificio acepto, agradable  a Dios” (Filipenses 4:18b). Dieron a Dios para el apoyo de Pablo. El ofrendar en espíritu de adoración acercó la congregación filipense a Dios y también a Pablo. ¿Adoras cuando ofrendas?.
Dad a Jehová la honra debida a su nombre; traed ofrendas, y venid a sus atrios.
Al ofrendar, ¿Cuánto es parte de tu adoración?
Adorar es más que concurrir a un lugar designado, seguir el orden del culto, o alegrarse con las canciones y el sermón. Adorar involucra responder a Dios. El ofrendar es una manera importante de rendirle alabanza, dedicándote a Dios al dar tu dinero.
El dinero que ofrendas representa tu tiempo, habilidades y energías usadas para ganar tu salario. El porcentaje que das, indica cuán importante es Dios para ti. El diezmo uno lo entrega en obediencia y es un porcentaje establecido por Dios, pero la ofrenda es la verdadera demostración de cuan importante es Dios para mí, en la ofrenda Dios puede ver cuánto valor le doy yo a Él.
Una de las más sobresalientes escenas de adoración en la Biblia enfoca a una mujer. Jesús estaba observando a los adoradores que ofrendaban, cuando una viuda “echó todo lo que tenía, todo su sustento” (Marcos 12:44). El ofrendar era la parte central de su adoración.
¿Qué lugar tiene ofrendar en tu adoración?
Sea que des más en la adoración o adores más dando abundantemente, la verdad es que  adorar y ofrendar son inseparables.
Así como adoras cantando, entrégate a ti mismo y también tu dinero, adora a Cristo y ríndele la gloria que se merece.
Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad. Salmo 96: 9

martes, 1 de mayo de 2012

Buscar y Salvar ( Parte I )


“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” Lucas 19:10
¿Cuál es la razón por la cual a muchos cristianos les cuesta evangelizar?
Jesús dijo de sí mismo que él vino a “buscar y Salvar” lo que se había perdido, y de la misma manera, envió a todos aquellos que creen en él. Básicamente la mayoría de los cristianos saben que el evangelismo es la tarea principal en sus vidas, pero, porqué no lo hacen.
Contaba el misionero J. Hudson Taylor acerca de un pastor chino, lo siguiente. Se encontró el pastor con un recién convertido, a quien le preguntó: —Joven, ¿es cierto que hace apenas tres meses que conoce al Señor?
—Sí, felizmente es cierto.
—¿Y cuántas almas ha ganado para Jesús? —le preguntó el pastor.
—¡Oh! —exclamó el recién convertido—, pero si apenas estoy aprendiendo, y hasta ayer pude conseguir un Nuevo Testamento completo.
—¿Usa usted velas en su casa?
—Sí señor.
—¿Y espera usted hasta que la vela se haya consumido hasta la mitad para que empiece a alumbrar?
El joven convertido comprendió la lección y empezó a trabajar. Y antes de seis meses ya se habían convertido, por él, algunos amigos y vecinos. Habiendo oído a Jesús, Mateo no perdió tiempo; cuando la samaritana se encuentra con Jesús, corre al instante a anunciarlo a sus vecinos. ¿Y usted, hermano, qué espera? (S. S. T.)[1]
Quiero a través de estas pocas líneas tratar de responder a la pregunta del principio de este artículo. ¿Cuál es la razón por la cual a muchos cristianos les cuesta evangelizar?
En realidad no hay una sola razón, podríamos responder de muchas maneras, pero solo quiero detenerme en dos razones principalísimas de porqué los cristianos no evangelizan.

La primera razón.

Los nacidos en la iglesia pero no en el Reino.

No se le puede pedir peras al olmo…
El olmo es un árbol increíble, la madera del olmo es fácil de trabajar, difícil de hendir y muy resistente a la putrefacción si se mantiene húmeda, por lo que se emplea en construcciones navales, pilotes de mina, y antiguamente era la preferida para hacer conducciones de agua. El olmo es uno de los mejores árboles de sombra, fácil de trasplantar  y de reproducir, ya que la semilla nace sin problema, si se siembra, al poco de madurar y sobre todo a los renuevos e hijuelos que producen sus raíces. Como vemos, es un árbol espectacular, tiene muchas propiedades muy buenas y útiles, pero el fruto que da, no es ni parecido a la pera y ni siquiera es comestible.
La iglesia muchas veces se parece a un jardín lleno de árboles frutales, hay de todo, pero no todos dan el mismo fruto, Jesús mismo lo enseño;
43No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. 44Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. 45El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.[2]
A la hora de responder a la pregunta que nos atañe, como primera razón, habría que decir que solamente aquellos que nacieron de nuevo, en el Reino de los Cielos, son los verdaderos portadores de la semilla reproductora del evangelio. Y que de una manera natural y espontanea comparten con otros aquello que transformo sus vidas, que no es nada más ni nada menos que la persona de Jesucristo.
El problema, creo que radica en el hecho de que mucha gente que viene a nuestras iglesias, no nacieron de nuevo en el Reino de los Cielos, sino que nacieron en la iglesia, con esto de que nacieron en la iglesia quiero decir aquellas personas que por diferentes razones o como diría un amigo mio, por razones dudosas, están en la iglesia. Muchos están porque encontraron un buen grupo de amigos, otros solucionaron el problema de la soledad, otros porque se sienten amados y bien atendidos, otros porque, justamente nacieron en la iglesia, o sea, son hijos de creyentes.
Todas estas personas, o la gran mayoría, aprenden a comportarse de una manera acorde al grupo, por supuesto para no ser rechazados, entonces, usan el mismo vocabulario, imitan la vestimenta, las costumbres, cumplen con todos los requisitos, y hasta llegan a ocupar puestos importantes dentro de la iglesia y son muy buenas personas, muy capaces y útiles en la diferentes tareas de la comunidad; pero como en el caso del olmo, por más que sean muy buenos en muchas cosas, nunca podrán dar peras…
Entonces, los pastores o líderes, desafiamos, motivamos, exhortamos, etc. a un montón de olmos a que ya es hora de comenzar a dar peras, nos esforzamos con muy buenos mensajes, técnicas de evangelismo, nos llenamos de actividades evangelísticas, pero… no pasa mucho o en el peor de los casos no pasa nada. Aunque lo peor de lo peor sería que el pastor o el líder de evangelismo sea un olmo, esto sería el  colmo.
La cuestión, es una cuestión del corazón, si en nuestro corazón no esta la semilla de Dios, nunca podremos reproducirnos en otros discípulos de Cristo, ya que de la abundancia del corazón habla la boca, por lo tanto, si nuestras bocas no están hablando de Dios, tendríamos que preguntarnos si realmente hemos nacido de nuevo. 
23 Pues ustedes han nacido de nuevo, no de simiente perecedera, sino de simiente imperecedera, mediante la palabra de Dios que vive y permanece.[3]
La nueva vida comienza con una semilla que Dios siembra en el corazón; esta es la Palabra de Dios que “es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos” (Hebreos 4:12) . La semilla, regada por el Espíritu Santo, germina cuando uno la acepta por fe. Entonces esa simiente brota produciendo la nueva vida espiritual y reproduciéndose en otros discípulos de Cristo.
Uno de los síntomas de haber nacido de nuevo, es que damos frutos, frutos de arrepentimiento, frutos de una nueva forma de vivir, pero también de nuevas vidas ganadas para el Señor y para su gloria a través de la predicación del evangelio. Jesús mismo nos dio la clave para poder dar fruto para la gloria del Señor  en Juan 15.4-8
De manera que, la única forma de poder llevar fruto es permaneciendo en Cristo, pero cómo permanecer en Cristo si no nacimos de nuevo.
CONTINUA EN EL PRÓXIMO…


[1]Lerı́n, A. 500 ilustraciones (227).
[2]Reina Valera Revisada (1960). 1998 (Lc 6.43-45). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.
[3]International Bible Society. (1979). Nueva Versión Internacional. (1 P 1.23). East Brunswick, NJ, USA: Sociedad Bı́blica Internacional.

lunes, 2 de abril de 2012

Compasión al testificar de Cristo

El apóstol Pablo escribió una carta a la iglesia de Corintios en la cual en cada capítulo les exhorta acerca de algún error o pecado diferente. 1 de Corintios es esa carta. Es una carta dura, que confronta a los cristianos que están viviendo en pecado y que toleran el pecado dentro de la misma iglesia. Incluso, Pablo les indica que ellos no eran salvos si no retenían la palabra que se les había predicado. Y es que puede ser que alguien se llame cristiano, pero no lo sea en verdad.
1 Corintios 15:2 “por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.”
Pablo mismo puso en duda la salvación de sus hermanos corintios y lo hizo con un solo motivo: el amor. En su segunda carta, Pablo nos da una imagen muy clara de cómo escribió dicha carta:
“Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas, no para que fueseis contristados, sino para que supieseis cuán grande es el amor que os tengo.” 2º Corintios 2:4
El amor de Pablo por las personas en la iglesia de Corinto lo llenó de angustia y tribulación. Eran personas que estaban yendo en contra de lo que él mismo les había enseñado y que eran más bien una amenaza para el evangelio. Sin embargo, Pablo les tenía un amor muy grande, tan grande que les escribió con lágrimas en sus ojos, “con muchas lágrimas”.
¿Qué tanto amamos a las personas a nuestro alrededor? Piensa en las personas que no creen por un momento: Se deleitan en el pecado, insultan a Dios quien los creó y no quieren someterse a El. Ellos quizá te menospreciarán si les predicas, y hasta podrían insultarte, pero Dios te manda predicarles. Nos envía a predicarles y a menos de que les prediquemos no podrán ser salvas.
¿Con cuanta compasión le hablas a las personas al testificar? Sigamos el ejemplo del apóstol Pablo y exhortemos a los que no creen por medio del evangelio. Mostremos el amor de Dios que puso en nosotros al darnos su Espíritu Santo. Si nos sometemos día a día a la palabra de Dios, seremos llenos del Espíritu Santo (es decir, seremos guiados por el Espíritu Santo), y esto llevará al fruto del Espíritu Santo: amor (Gálatas 5:22-23).
Dios quiere salvar a todos los hombres (1 Timoteo 2:4), y nosotros, ¿iremos a predicarles? Dejemos las excusas, capacitémonos para evangelizar correctamente y salgamos. Es un asunto de vida o muerte eterna.
“El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.” 1 Timoteo 2:4

Enfoquémonos en ganar almas

“El fruto del justo es árbol de vida; Y el que gana almas es sabio.” Proverbios 11.30

La mayoría de las iglesias hoy en día, están enfocadas en llenar templos, salones, polideportivos y hasta estadios de gente que escuche el evangelio. Sin desmerecer el esfuerzo que hacen muchos para que esto se logre, particularmente creo que no es en lo que debemos enfocarnos. Un alma hoy no parecería ser “negocio” para nadie.
Veamos qué tanto valoraban el ganar un alma para Cristo los pioneros de la obra del Señor:
“Consideraría una mayor felicidad ganar un alma para Cristo que montañas de pata y oro para mí mismo.” Mathew Henry
C.H. Spurgeon decia: “Prefiero traer un pecador a Jesucristo que descubrir todos los misterios de las Escrituras, porque la salvación es la única razón por la que estamos vivos.”
Mantengamos las cosas en perspectiva: Lo más importante en nuestro tiempo, de este lado de la eternidad es predicar a Cristo. Tendremos  toda la eternidad para descubrir todos los misterios, y conocer a Dios de manera plena, pero ahora debemos enfocarnos de una manera correcta.
Podríamos caer en el error de decir: “Yo no soy quien gana almas, Dios lo hace”, pero veamos que dice la Biblia:

“Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar  a mayor número. Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he   hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él.” 1 Corintios 9.19-23

En el contexto correcto, sí podemos decir que ganamos almas. En la realidad de su día a día, al testificar, Pablo se acercaba a las personas y se identificaba con ellas. No alteraba el mensaje, ni cambiaba el método (la predicación, 1 Corintios 1.18), pero sí explicaría el evangelio a las personas procurando que sus receptores pudieran entender su mensaje. Él sabía que si lo hacía correctamente, las personas podrían correr a la Cruz y allí Cristo los salvaría.
Por ejemplo, Pablo en Atenas (Hechos 17)  predicó el evangelio a gentiles y lo hizo correctamente. Usó la ley, les predicó del juicio de Dios, su justicia y les mandó que se arrepintieran. La sensibilidad de nosotros como predicadores hacia las personas es explicar el mismo mensaje con el mismo método, con sabiduría para que el que no cree entienda.
Lo primero que buscamos es que el que no cree aprenda justicia, a pesar de cualquiera que sea su trasfondo cultural o religioso: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.” Daniel 12:2-3
Este pasaje le pone nombre a lo que haremos a partir de ahora al salir a predicar: “enseñar justicia a la multitud”.
Esta promesa fue dada para el pueblo hebreo en tiempos de Daniel, y es asombrosa. Es incomprensible para nosotros hoy el imaginar cómo una persona puede brillar como las estrellas, pero nos da una idea de cuánto Dios valora tremendamente la obra de enseñar justicia.

Enseñar justicia es explicar a los pecadores los mandamientos de Dios y expandirlos de manera que las personas entiendan los juicios de Dios. Satanás ha nublado el entendimiento de los inconversos (Efesios 4.18) con los placeres del pecado, el entretenimiento, la farándula, la moda y muchas otras cosas a tal grado que las personas tienen un concepto torcido de lo que es la justicia.
Para Dios, es valioso el que salgamos y enseñemos justicia  a la multitud, pero piense que hoy tenemos el mensaje completo que Daniel no tenía en su tiempo: predicamos a Cristo, la Propiciación, el valor infinito de su Sacrifico Sustituto, que Dios quiere salvar a todos los hombres, tanto gentiles como judíos. ¡Qué honor tenemos! Roguemos a Dios que nos dé valentía para salir a hacerlo.
¡Qué bueno que estemos aquí!

“para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.” Hechos 26.18